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Wednesday, December 11, 2013

DÍA 18. El punto de partida

Mi casa es un hotel. Nuestra casa es un hotel.
Se ha dado cuenta el dedo pequeño de mi pie derecho. Cuando me levanté a hacer café fue directo al choque frontal con la pata de la cama portátil. Pati, evidentemente, despertó.

Tomé café, en tu taza. Desde que te fuiste siempre lo hago. Los posos, que sedimentan al fondo del fregadero, liman los cuernos que tengo.

¡Joder! Recuerdo tu infidelidad y me siento gilipollas. Luego vuelvo a la habitación, veo a David y se me pasa un poco.

Pati y yo bajamos a ver a Lola. Hace mil años que no la veía. Con Pati cruzó dos palabras de cortesía. Focalizó su atención en mí y en ponerme el mejor pincho de tortilla del bar. Pedí que me cantara. Que nos cantara. Me encanta oírla:

“…Y me enfrento por las noches, a una cama muy vacía y la lleno con historias, aventuras y malicias, Luego viene tu recuerdo, y su canción de despedida y me encuentro noche a noche, en el punto de partida. En el punto de partida...”

Si lo sé, no le pido que nos cante. Me recuerda tanto a mis noches. Pretendo auto convencerme de que ahora estoy muy feliz. De que David suple tus carencias. Pero no, tú me ponías los pies fríos en las lumbares al meterte en la cama.

Pati se empeñó en hacerte el centro de nuestro día. Quiso visitar la facultad, donde fuimos tan felices. Donde tú y yo tonteábamos sin parar. Recordamos mil anécdotas, de pasillo, de aula, de puerta, de cafetería… No soporto recordarte. Me jode recordarte. Me jode pensarte.

Os pongo en una balanza. En un lado tú. En otro David. Siempre pesan más tus buenos momentos. Pati dice que es normal, que solapo relaciones. Pero, he pasado de darle credibilidad. Al fin y al cabo, ella, se va a casar después de apenas seis meses de noviazgo.
Lo de siempre, ya me conoces, busco excusas para desechar consejos cargados de razón. Si no me interesa, a la basura.

Hablando de basura. Esta mañana he dejado tus calzoncillos en el cubo del portal.

He agotado mi tarde, junto a ella, mirando mil escaparates. Riéndome y pensando en llamarte. Tengo mucha fuerza de voluntad para levantar el teléfono. Pero bueno, fue Pati la que se ha encargado de hacerlo. Espero que no sea tu cómplice.

Me he pasado las 3 primeras cervezas pensado en que mañana nos vamos a encontrar. Me gusta y me mata la idea partes iguales. Uno de los anteriores, recuerdo que acabó en ilusiones rotas en tu nuevo colchón de Lavapiés.
Espero que no pase ninguna de las dos cosas otra vez, porque te abofeteo la cara sin pensarlo.

Elena y David se juntaron para cenar con nosotros. Pagué yo, como siempre. Siempre he sido un poco pagafantas. Mi forma de ser. Parece que me sobra el dinero. Luego no llego a fin de mes. David arrugó morro al saber que mañana te vería. Me da igual. No queda otra.

Ya sabes lo que siempre pasa con Pati. Salgo. Me lio con las cervezas. Ceno lo justo. Cambio las cervezas por copas. Cambio copas por pacharán. Acabo como puta por rastrojo.
Bueno, como puta por rastrojo, no. Pero, bailando Madonna en un bar de Drag Queens sí.

Mañana, me voy morir con todo esto. Ya te contaré.

David se ha dedicado a cuidar de mí. De vez en cuando lo miraba con asco. No soporto que quiera ser como mi padre, sin tener aún muelas del juicio.

He vuelto a casa. He hecho algo de desayuno y he puesto la cocina perdida. Mañana limpio. Lo que sea con tal de no cruzarme contigo.

Hemos comido algo de lo que preparé, en el salón. Kate Moss me volvió a mirar, creo que ella te echa más de menos que yo. Me ha llamado borracho con la mirada.

Me metí en la cama sin pensar. Saqué un pie y lo apoyé en el suelo, para evitar viajes astrales causados por el alcohol. El otro pie, frío, fue a la espalda de David. Intentando evocarte.

Otra vez, como dice Rocío Jurado, me encuentro en el punto de partida.

De lo demás no me acuerdo. El sueño llamó a mi puerta mientras le miraba a los ojos. Y si le miro a los ojos me pierdo.

Mañana te veo ¿Qué te digo? ¿Qué me pongo? ¿Con qué mano te doy la bofetada?

Monday, November 18, 2013

DÍA 6. Me cuesta tanto olvidarte



He esperado despierto la alarma.

¿Recuerdas mi despertador? Ese ruido infernal que te torturaba, a diario, a las 06:55.

Ducha, café, gomina y a las calles de Madrid.

Hasta el curro he ido acompañado con Ana, Jose María y Nacho. Me dan mucha energía por las mañanas, sobre todo si son como hoy, lunes de remordimientos y dolores.

“… Me cuesta tanto olvidarte, me cuesta tanto olvidarte, me cuesta tanto. Olvidar quince mil encantos es mucha sensatez, y no se seré sensato, lo que sé es que me cuesta un rato hacer cosas sin querer…”

Pero nada. Todo me recuerda a tí. La música de Mecano. La cara de Kate Moss en las marquesinas de los autobuses. Los hombres con ojos claros. Los cigarrillos de liar. Tu coche.

¡Un momento! ¿¿¿QUÉ HACÍA TU COCHE A DOS CALLES DE MI TRABAJO???

Estás jugando conmigo.

He fumado un par de cigarros seguidos, apoyado en la puerta de tu coche, por ver si regresabas. Me he sentido ridículo y he echado a correr hasta el trabajo.

Me he mirado en el espejo del ascensor. Doy asco.

La jornada no ha sido nada especial. Encima Ana no estaba. Empiezo a depender mucho de ella, como me pasa con Elena.

Hoy no me ha esperado nadie a la puerta. Tendré que acostumbrarme a los quehaceres de Elena y a que ya no estás. Lo segundo es más difícil.

Ayer cargué con tanta culpa que hoy decidí llamarte. Elena me ha borrado tu número de la agenda, pero lo bueno de quererte tanto es que siempre me lo sabré de memoria.

Un tono, dos… ¡Por fin! ¡TU VOZ!

Hacía una semana que no sonreía. Me ha gustado oírte. Me ha encantado que me preguntaras por todo. Me ha gustado que me propusieras quedar.
-¿Hoy a las 21 te viene bien? Me dijiste.
-Sí, como tú prefieras. Ya estoy libre. Esa fue mi respuesta.Sevicial, como siempre.

Opté por no avisar a nadie de esto. Da igual, no lo aprobarían. Velan por mi salud.

Me encanta como me has conseguido sacar de mi terreno. Eliminar a Elena. Anular mi adicción al móvil. Me encanta como me has hecho vivir en la inocencia de la ilusión.

He sido puntual.
Tenía mono de esperarte. Llevaba una semana sin hacerlo.

Verte me ha revuelto todo por dentro.

Tus motivos de huida no sirven para cerrar mis heridas.
No me ha servido un “noerestusoyyo”, no me ha servido un “tequieropero”, no me ha servido… Sé que hay algo más de fondo, pero hoy no quise desaprovechar nuestro momento. Nuestro encuentro furtivo.

Caminar por Paseo del Prado a cualquier hora contigo es genial.
Te he acompañado hasta tu nueva casa. Me he sentido tan adolescente…
Me he visto obligado a decir que sí ante tu invitación de subir.

Aún no me puedo creer que hayas cambiado Malasaña por Lavapiés. Aún no puedo creer que acumules tanta mierda en tu nueva casa. Aún no puedo creer que no vivamos juntos.

Tenerte en el sofá,  a un palmo de distancia y no besarte era inevitable. Tuve que hacerlo. Era obligatorio.

Todo fue muy rápido, me desarmaste la velocidad que me quitabas la camisa. Yo me rendí ante ti. Firmé con mis dedos en tu espalda un pacto de no agresión. El acuerdo que acepté en tu cama me hizo pasar del llanto al placer en cuestión de segundos. Pero las guerras nadie las entiende. Y yo no te entiendo a ti.

Me he vestido torpe.

En mi cabeza has mezclado la ilusión y el arrepentimiento.

Juegas con mi corazón para cocinar pócimas a tu antojo. Sergio, eres un hijo de puta.
Has afirmado no querer volver a estar conmigo y… Has dado el portazo. Cabrón.
Da igual, yo también te he mentido. No te he contado lo de David.

Por el camino me sorprendió la lluvia. Mejor, así he tenido que disimular las lágrimas.

Elena me ha gritado y me ha abrazado a partes iguales. Hoy he sido yo el adolescente. He obrado a tu gusto y he optado por autodestruirme en la cama, contigo.

Sergio, lo que he desarrollado con todo esto, aparte de una predisposición al ridículo, es un síndrome de Estocolmo, de libro.

Me he metido en la cama pensando en lo guapo que estabas con ese gorro de lana y en el calor que he sentido en los besos.

No te quito de mi cabeza. Estoy enfermo ¿Verdad?