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Thursday, February 6, 2014

DÍA 27. Fascinación


Lo importante de la vida y sus pequeños detalles.

Parece que todo va cambiando, aunque, el amor es como un examen de facultad. Nunca te puede aventurar a decir que va bien, porque puede ser todo lo contrario.
Pero yo soy muy de aventurarme. Amanecí con mariposas en la tripa y evité los post-it de la pantalla del ordenar. Me recuerda a cuando me enamoré de ti y decidí dejar la carrera en segundo plano por vivirte en la primera fila.

Te hablaba antes de pequeños detalles, por ejemplo, unos ojos verdes que brillan con el sol madrileño de mediodía. Creo que no hay mejor alegoría de la vida que sentarte al lado de una persona y ser el afortunado de ver sus ojos por primera vez. Hoy disfruté de uno del verde rozado con la luz.

Mi problema es haber perdido el hábito de sonreír, Sergio.
¡Coño! Que mis padres me pusieron una ortodoncia con diez años, y yo, de repente, me he vuelto incapaz de sonreír. Me he lanzado a la aventura de rozar una espalda desnuda con las yemas de los dedos y a fumar un cigarro en febrero en el balcón. Un mundo de contrastes, el calor de la piel, peleando a plena espada con el frío de Madrid.

Un domingo en el que no hacer nada, como los nuestros. Como los que pasábamos en el sofá agotando películas y reposiciones de programas. Sólo hay una pequeña diferencia, ya no es contigo, y tampoco te echo mucho de menos.

¿Sabes? A veces, pienso que si alguien abre mi ordenador y lee este documento, en el que no hago nada más que contar mi vida sin ningún tipo de pudor, va a pensar que estoy loco, pero… ¡A la mierda! Me encanta, creo que he vuelto a los 18, y de eso ya han pasado casi diez años.
Me he hecho cocinero, pero no como los de la televisión, de los buenos. De los que consiguen hacer un plato excesivamente bueno con cuatro cosas que hay en la nevera.
Hemos dejado a Elenita y a sus cosas de histérica vagar por las calles de Madrid con un chico que ha conocido el otro día en Cats. Es lo más, si tuviera que enumerar todos los hombres que la han ilusionado en la vida me faltarían folios. Siempre con ese “Marcos, este es el de verdad, lo noto”. Tiene el rádar del amor tan estropeado… bueno, como yo.
Desgaste mis puntas de los dedos cambiando de canal el resto de la tarde, mientras que David me nutría con gominolas y cosas demasiado insalubres para ser contadas. Cuando el día no parecía dar más de sí que unas mariposas en el estómago y unos roces dérmicos… sonó el teléfono.
Elena y sus locuras. Que viene para acá con “nosecuantos” compañeros de facultad a conocerme. Y yo, que soy tan anfitrión como los es Isabel Preysler en un anuncio de bombones me puse mis galas más decentes y adecenté cada rincón del hogar en tiempo record.
Sin darme cuenta, tenía a diez universitarios a mí alrededor mirándome sin perder detalle de nuestras anécdotas de universidad y de vida. ¿Síntoma de que me hago viejo? ¡No! Es que me he convertido en voz de experiencia.
Cuando el humo nicotinado había tomado el salón, aquéllos chavales abandonaron el piso y me dejaron a mí, sólo, con David y Elena. En una vida que se ha convertido en normal. Barriendo y recogiendo.

Y cuando ya dejas de creer en las señales y casualidades, pones la radio y…

“Quédate por siempre a mi lado. Es real lo que siento, mi vida, lo entendí, cuando te conocí. Yo que no creía más en esto, fue el poder de tu amor lo que me hizo caer en esta fascinación.
Esta fascinación que me da tu amor…”

En ese momento sentí que, por el momento, no me equivocaba. Que había conseguido aceptar amores que me mimasen. Aunque, a decir verdad, no estoy muy convencido. Sufro un conflicto entre lo que pienso y debo pensar. Y en medio de esa batalla aparece tu puta cara, cuando ya no sol, cuando sus ojos está cerrados y cuando mi insomnio y yo vagamos por las sábanas esperando un empujón que no lleve al camino bueno.

Imagino que tú estás igual, pero más sólo ¿Verdad?



Monday, December 30, 2013

DÍA 25. Libérame

Me levanté con el miedo a que siguieras ahí. Temía encontrarte en el sofá y tener que hablar. Pura vergüenza. Pero, a veces, el destino es cabrón y adorable al mismo tiempo. Te habías ido.

Carrera de fondo para llegar al trabajo y no entretenerme con los recuerdos. Cuando había superado recuerdos del pasado. En el portal, me dí de morros con el presente. David y Elena. Elena y David. Llegando a casa de la biblioteca, entre apuntes, y ahogados por el sueño.
Me sentí tan criminal. Tan asesino.

Mira, a decir verdad, no se si David es mi pareja, mi chico, mi chorbo, mi novio, un pasatiempos o un juguete. Ni idea. Lo que tengo calaro es que me salvo de la masacre en la que me habías sumido.

Joder, es que parece que se me había olvidado. Pasé semanas en una UCI emocional. En la que poco más y desarrollo un alexitimia. Sólo me servías tú. Encontré a alguien que me hacía sentir especial. Volviste tú.

Es increíble la rapidez con la que me haces deshacerme de todo lo malo. Es vertiginosa la velocidad con la que me embaucas y me lías.

Ana estuvo indignada por la escasez informativa a la que la sometí ayer.  Pero, no nos podemos enfadar. La verdad, es que con los amigos de verdad no hay café que no arregle nada. Y así fue.

Creo, que lo mejor es no darte más oportunidades. Como ella dice: “Pieza repetida no completa la colección”.

Cruzarme contigo y dejarte todo claro en una mirada. Me conoces como nadie. No mediamos palabra. Notaste mi negación en el ambiente. Yo me reafirmé arqueando las cejas, pero al final no pude evitar sonreírte. Supongo que, al final de todo, es como lo nuestro, siempre dejo la puerta abierta. Te estoy diciendo que no, pero, nunca se sabe. Ana, pese a sus consejos, cree que acabaremos juntos tarde o temprano.

Me he sentido muchas veces culpable. Y no lo soy. El infiel fuiste tú.

¡Mierda! Caminando hacia casa me di cuenta que yo también he mentido al chico de ojos infinitos.

Al llegar, se me olvidó que era viernes. Y destrocé la magia que tienen los comienzos del fin de semana sentando a David en el salón y dándole una dosis de realidad. Mira, si empezamos algo, que sea bien. Sin mentiras.

Hipocresía, no. Me mataría criticarte y, a la vez, se como tú. Sería para abofetearme. Y no.

 “David, mi amor. Mira te voy a ser claro. Aún sigo sintiendo algo por Sergio” Dije. A partir de ahí, todo salió a borbotones. Todo lo que hemos vivido después del adiós. TODO.

Vi como su corazón se rompía por los gesto que había en su cara, pero, permanecio inmóvil. Apenas habló, sus ojos verdes se convirtieron en cristal Murano gracias a las lágrimas, su piel morena se agrietaba al paso de las mismas.

Me recuerda a alguien. ¡Ah, sí! A mí contigo. Sin dignidad, sin importarme el sufrimiento.

No me dijo nada. Se limitó a ser hombro en el que llorar, como hasta ahora. Me necesita y yo le necesito. Eso es una realidad.

Por si no te habías dado cuenta. El amor es más cabrón que el odio. Odias y ya está. Amas y te complicas la vida.

Cuando creí que la conversación había terminado. Él me miró y me dijo: “Te quiero. Es lo que querías saber. ¿No?”

Sin pensarlo, respondí: “Y yo, yo también. Gracias”

Sí ¿Qué pasa? Lo he dicho. Que yo también le quiero. No debería importarte. Hace unos días te importaba Raúl.

A ver si me doy cuenta. A ver si te das cuenta. Somos futuribles inconexos. Nuestro amor ser ha viciado al sufrimiento. No vamos a llegar a nada, sólo a sufrir. Sólo al estercolero.

Lo sé, el discurso me ha quedado de puta madre. Sólo me queda cumplirlo. Lo intentaré. ¡Qué coño! Lo haré.

El resto de la noche la pasé con los chicos. Elena tumbada en mi tripa, y David en mi hombro. Soy como su padre. O esa sensación me da.

Antes de dormir, me puse a rebuscar entre los CD que siempre me ayudan:

“…No hay mal que dure cien años, mi amor vale mas que un papel.  Sólo libérame, desátame, acaba con lo poco que nos queda. Lo siento en la piel, no hay dos sin tres, tus manos no atrapan el sol. Sólo libérame, y déjame sola. Rompiéndome en silencio, volviéndome de piedra. A medias cintas no vale la pena…”

Joder, es que hay esperanza. Es que después de ti hay vida. Y yo sin saberlo.

Voy a dormir. Retiro todo lo que he perdonado. Retiro todo lo que he obviado.

¿Queda claro?

Friday, December 27, 2013

DÍA 24. La mejor noche de mi vida

Me desperté pensando en lo que debería ponerme. Siempre lo hago, cada vez que sé que te veré. Hoy hemos compartido demasiadas horas en poco espacio.

Me decepcionó no verte a la entrada, luego recordé que tu nuevo horario te hace madrugar menos.

Ana y yo nos dedicamos a hacer propuestas para nuevos reportajes y artículos de la revista. Nos encanta proponer cosas nuevas, ya sabes, Ainhoa se  pasa la mayoría de ellas por el arco de triunfo. Cosas de jefa que jamás entenderemos.

Todo pasa por algo. Y la predestinación que tu y yo tenemos es innata. Café de media mañana. Bar de siempre. Yo sólo. Tú en soledad. Buena ocasión para conversar, de no ser por tu orgullo.

Intenté hacerme el tonto durante unos minutos, con el afán de que me vieras y te acercaras. Lo dicho, tu orgullo no tiene límites. Más de medio café después fui yo, como siempre, el que se acercó.

-¡Hola! ¿No me dices nada? Dije.

-Pero Marcos… Si no te había visto. Estoy un poco mareado, con tanta cosa nueva ¿Qué tal la mañana? Respondiste.

-Bien, como siempre. Pero ya sabes que me encanta este trabajo. Constesté.

Nos sumergimos en nosotros, recordé los tiempos viejos, donde tu y yo compartíamos café. Caricias hubo. Sonrisas por doquier. Sentimientos de los de antes, de los bueno. Tan sólo unos minutos después me sorprendí después de decirte un “sí” a tu invitación de cenar. No me di cuenta. Inercia pura. Sin pensar.

La verdad, en otro momento me hubiese aterrado la idea, ahora, en este momento me encanta. Adoro volver a compartir tiempo contigo.

Nariz con nariz, nos aproximamos y… Ana entró en la cafetería. Me giré rápidamente, conozco de memoria su manera de taconear. Se acercó, te saludó y engulló un café.
Volví al trabajo siguiendo la huella del humo de mi cigarro. Conté a Ana nuestros planes y nos pusimos a dar el cayo. Hoy sin parar. Hoy con ganas de acabar jornada. Hoy con ganas de cenar contigo.

Aproveché los últimos rayos de sol cruzando Madrid, para sonreír.

Mientras transcribía una entrevista, me di cuenta de que este trabajo te hace sentir vivo. De lo bueno de estar activo, de ir consiguiendo objetivos profesionales, los sentimentales se me siguen escapando.

Mientras Ana llamaba al ascensor y me hacía gesto de “luegomellamas” y de “Cuántamelotodoporfavor”. Yo me retocaba el tupé, coquetería. Ella y su taconeo melódico se fueron. Yo en mi mesa, esperándote.

Diez minutos. Quince. Veinte… ¡Por fin! Un fluorescente agonizando, sin parar de parpadear te dio la entrada triunfal. Recogí las cosas y… emprendimos camino.
No hablamos del pasado. Nos dedicamos a reírnos. Tuve varias veces la sensación de que, cual Rey Católico, reconquistas tus dominios en mi cuerpo.

Recordé partes de piel, que se había vuelto vírgenes. Partes que David no había tocado.

Bobear, azotando baldosas del centro de Madrid, me encanta. Si es contigo me enamora.
Me tienes al borde de volver. No sé, me desarmas. Me licuas la sangre.

Cenamos ceviche. Probando cosas nuevas. Caminos, aproximándonos alarmantemente a casa. Caminando en círculos.

Plaza del Dos de Mayo. Magia para nosotros. Lugar clave en nuestra vidas y… Beso. Tardaba en llegar. Llegó.
Tienes una forma de pulir mis labios, que no se olvida. Que me mata y me revive en milésimas de segundo.

Catalepsia en un beso.

¿Recuerdas esta noche?  Yo la recordaré siempre. Sobre todo el momento en el que en un bar cualquiera, al filo de la medianoche, cogiste prestada una guitarra y cantaste:

“…Entre la felicidad y la desesperación, la carretera es muy corta. Necesitaba salir, romper con todo y vivir, que lo demás ya no importa... Como uno locos sin fe salimos a pelear contra la melancolía. Besamos la libertad, nos abrazamos a todo lo que nos sonreía. Como niños sin preocupación, como el ave que escapó. Creo que por una vez conseguimos no ser los esclavos de nadie. Nos perdonamos las viejas heridas. Así fue la mejor noche de mi vida…”

No recordaba tu habilidad frotando cuerdas de guitarra. Ni tu voz rompiendo en el agudo. Tampoco tu acento ficticio del sur al cantar. Tu y la música, posiblemente mis perdiciones más insanas. Tú y ella me habéis vuelto a clavar la flecha, habéis vuelto a hacer diana. Diana con dardos en forma de acordes.

El tabaco, tú y yo. Acabamos rozando la borrachera en mi portal. Terminamos labio con labio. Acabamos desgastando nuestras yemas de los dedos en el cinturón. Sin sexo.
En ocasiones hay más magia sin la magia del sexo. 

Sin pretenderlo te desahucié a mi sofá. A tú sofá. Mientras, mi torpe movimiento, dominado por la cerveza, era hilo musical de tu regreso a casa.

Me da pena David. Me doy pena yo. Me das pena tú. 
Hemos acabado como no queríamos. Hemos acabado acabando y no queríamos.

No sé, quizá dormir despeje todo esto. Te juro que esta noche ha sido muy decisiva. Quizá mañana. Aprovechando que estamos sólo en casa hablemos. Volvamos y decidamos romper con nuestros malestares. Nos necesitamos.

De nuevo me dejo llevar por el corazón. ¿Hablamos mañana?

Monday, December 2, 2013

DÍA 17. Non ti scordar mai di me (Nunca te olvides de mí)

Últimamente paso de mi agenda, como de la publicidad que me dejan en el buzón. He vuelto a vivir sobre la marcha. Como cuando te conocí.
Me ha despertado Ana. Media hora antes de que lo hiciera mi estridente alarma.
Por lo visto, ayer me comentó que teníamos que ir a El Escorial a hacer un reportaje, con el fotógrafo de la revista a una modelo. Lo olvidé.  

Me preparé a velocidad supersónica. Acuché a David de manera incontrolable y bajé al portal comiendo una manzana, a modo de desayuno. Fumé un cigarro, mientras esperaba el coche de Ana a la puerta.
La tardanza de Ana, mi soledad y tu reticencia a abandonar mi cabeza me mataron. Abrí la cartera para comprobar que había metido todo, y ahí estabas. Tu foto de la orla de la facultad. Sales feísimo, pero me encanta como sonríes. Esbocé una carcajada, pensando en que estarías al volver a casa. Falsa y puta ilusión.

Sonó el claxon del coche. La sensación fue la misma que cuando escuchaba el timbre en el instituto. Salvación. Arrugué tu foto y la tiré en el portal.

Moraleja. Nunca me puedo reír de nada, ni nadie. Siempre me caerá la mierda en la boca.
Nos hemos comido un atasco impresionante.
Pero bueno, tu decías que los atascos son menos atascos con música. Rebusqué en la guantera del coche entre mil discos. Obvié Ana Belén. Pasé Fangoria y de los otros CD desordenados. Dejé  decidir  a mi subconsciente, y como aún tu reinas en él, me decanté por Giusy Ferreri. A bocajarro sonó nuestra canción. ¿La recuerdas? Poníamos el disco cuando hacíamos viajes largos y la cantábamos a dúo, imitando el italiano de la cantante. Recuerdo que tu parte era la mejor. Recuerdo que me gustaba mucho como cantabas lo de:

 “… Del nostro amore solo una scia, che il tempo poi cancellerà e nulla sopraviverà. Non ti scordar mai di me, di ogni mia abitudine, in fondo siamo stati insieme e non è un piccolo particolare. Non ti scordar mai di me, della più incantevole fiaba  che abbia mai scritto, un lieto fine era previsto e assai gradito…”
“…De nuestro amor quedó solo un rastro, que el tiempo luego borrará y nada sobrevivirá. Nunca te olvides de mí, de cada costumbre mía, al final hemos estado juntos y no es
un mínimo detalle. Nunca te olvides de mí, de mi historia junto a ti. Cuento de hadas bonito, final feliz hubiera sido agradecido…”

Después de cantar siempre nos reíamos. 
Hoy no fue así. Apoyé mi pelo engominado en el cristal, mientas cantaba haciendo brotar lágrimas de los ojos.

¡Lo has conseguido! ¡Me has vuelto a joder!

No entiendo cómo me hiciste vivir lo nuestro como algo eterno. Tengo la creencia que sabías que iba a caducar algún día. Eres infiel por naturaleza. Eres cabrón de nacimiento.

Ana se empeñó en agradarme el día de trabajo bajo el encapotado cielo del norte de Madrid.
Comimos, con el equipo, un sanwich en un bar cutre del pueblo.

La modelo se maravilló de mis ojos color miel. Yo decidí contarle que ahora mismo era el cornudo oficial del Reino de España. Elle te insultó un poquito y pasamos a hablar sobre lo maravilloso de su cuerpo.
Se parecía a Kate Moss y eso me recordaba al cuadro del salón y el cuadro me recuerda a ti. Un círculo vicioso para no olviodarte.

El camino de vuelta fue diferente. Apagamos la música y nos pusimos a hablar. Me encanta hablar con Ana. Es muy sabia. Pero, de sabiduría curtida a base de mil errores.

Me dejó en la T1. Por si no te acuerdas, hoy llegaba Pati. 
¡Ah, perdón! No te he avisado.

Mientras tomaba un café, en el aeropuerto, arranqué una hoja de la libreta y escribí: “La Pati”. A modo de bienvenida. Me planté en la puerta de llegadas y esperé. Y esperé. Y esperé. Ryanair determinó traer a mi Pati con casi una hora de retraso.

Su llegada fue triunfal. Está como la recordaba. Pelo rubio, ondulado. Cara pulcra y perfecta, sin necesidad de maquillaje. Americana beige y sonrisa sin defectos. El cartel y mis ganas de verla. Me vio y comenzó a gritar. Emocionada.  Me tiró al suelo del ímpetu con el que se acercó.

Cogimos un taxi hasta casa. En el trayecto fuimos quitándonos la palabra el uno al otro. Como siempre. Cada uno sigue su tema. No hay hilo en la conversación, pero nos escuchamos. Eso te ponía muy nervioso.

En casa la presenté a los chicos. A Elenita ya la conocía. David fue presentado como “mi chico”. Intenté pronunciar la palabra novio, pero me atraganté un par de veces.

Hablamos en el sofá durante horas, mientras los chicos no pestañeaban ante nuestras anécdotas universitarias. Que si cuando te multó la policía por beber en el calle, que si cuando se quedó dormida en el examen de Derecho, que si cuando me quedé frito en la Circular y me recorrí medio Madrid en Metro a lo tonto,…

Los chicos se fueron a la cama. Nosotros nos quedamos en el salón. Bajo la atenta mirada de Kate Moss, recordándonos que tú eras parte de nosotros.

Solté toda mi mierda sobre ti. Dije que estaba cada vez mejor. Mentí, y cuando ya no me quedaban insultos para ti y tu jeta descomunal, Pati me hizo callar, y me dijo: “Tío, a ver, exclusiva. Me caso en Agosto”.

Me llenó la cabeza de cosas sobre Guido, un italiano, guapísimo, simpatiquísimo y con unos ojos que deben tener el poder de los de David, porque son casi idénticos. Hipnotizan.

Como no lo sabes, te lo cuento. Se conocieron hace seis meses, en Pisa, mientras Pati cubría una conferencia en la que él era ponente. Y entre entrevista y entrevista. Tú me entiendes.

Descolgué de la pared nuestra orla de facultad. Vi tu foto, la que antes estaba en mi cartera, y ahora vaga a merced del aire madrileño esperando a que el cepillo de un barrendero la arrastre hasta cualquier alcantarilla. Nos reímos de mi flequillo, de su pelo corto, de lo fea que era “la moños” de clase y de lo asquerosas y traicioneras que son esas fotos.

Monté su cama de invitados en el salón. La di un beso y me fui a la cama.

Como esta mañana, besé a David, con la intención de despertarle. 
No lo conseguí. Le miré mientras dormía, sonreí y de dije en susurro: “Gracias. Te…, te…, Te qui…”.

Evité el “te quiero”, no voy a ser como tú. Esas palabras no se dicen a la ligera.
Como es habitual en los últimos días, no puedo dormir sino siento mi pecho contra la espalda de David. Mi cabeza no paraba de procesar información y… volví a caer en tu trampa. 
Pensé en Pati y en su boda. En si tú asistirías. En mi acompañante. En lo bien que te quedan los trajes.
Vuelves a quitarme el sueño y no quiero que sea así.

“Mi chico” y el calor de su espalda de van meciéndome. Hasta de dormido me salva de tu mal hacer.
Seguro, que si supieras esto en realidad, te morirías. A veces pienso que me echas de menos.

Lo sé, me echas de menos ¿O no?

Thursday, November 28, 2013

DÍA 15. Yo me niego


Aún sigo tragando sangre del codazo que me diste.
Me he levantado con resaca de emociones.
Ayer en Valladolid fui fuego, fui impulsivo. Hoy soy puro hielo, hoy te recuerdo.

De camino a la redacción he ido intentando dibujar tu cara con humo de cigarro y vaho en el amanecer madrileño.
Sergio, sigues tan presente…

Mis esculturas en el aire han sido interrumpidas por el teléfono.
Era Mamá. No podía evitar darme su opinión sobre David. Al fin y al cabo, ayer, irrumpí en casa con él. Rompiendo esquemas. "Me encanta, pero... el chico es muy jóven", me dijo. No supe si alegrarme o no. David causó furor en casa, no como tú. Pero, Mamá me ha dado una patada hacia la crisis de los 30 de manera anticipada. Me siento viejo, y sin motivo. Menos mal que ella todo lo calma con un "Te quiero".

Pasé las fotos del evento del otro día. Has salido en todas, inevitablemente. Mi lente te ha captado. Y aquí estás. Saldrás en la revista del mes que viene.

Ana ha vuelto a notar mi mirada triste. Y… la verdad, triste no estoy. Estoy hecho mierda.
Me he pasado media vida riéndome de la gente ñoña, de la gente que era imposible de levantar el vuelo tras una ruptura. Y ahora soy yo. Te doy la razón, el Karma existe, pero sólo para aquellos que tenemos tendencia al drama.

Cada vez que pienso en ti tengo un poquito menos de dignidad. Y al paso que voy, en un par de días me quedo sin  ella.

He secuestrado a Ana a la salida del curro, para un café. La he puesto todos los sentimientos encima de la mesa. La he necesitado mucho ayer.

Estoy hecho un lio. David me trata como a un príncipe. Tu me tratas como una marioneta, como un trapo sucio. Pero yo sigo enamorado de ti. Es todo muy complejo. Es una batalla entre lo que debo elegir y lo que quiero elegir. Pero con un portazo de por medio es imposible optar por ti. No te dejas.

El consejo textual de Ana: “No solapes relaciones, pásatelo bien”. Parece una incitación a la promiscuidad. Pero no, es un consejo lógico. Necesitaré tiempo para curar heridas y suturar cicatrices. Sólo me falta interiorizarlo. Hacerla caso. Y… estaré perfecto. No es fácil, nada es fácil.

He comenzado a tener la firme creencia de que tengo muchas preocupaciones y ningún problema. He comenzado a detestar que copes la mayor parte de mis pensamientos, incluso más que antes.

Ya en casa ¡Por fin! Elena ha decidido llenarme de alegría. Ha buscado algo en youtube y me ha cantado:

“…Pero al final de todo los ángeles siempre ganan. No necesito un hombre malo. Tú ya no me vuelves a ver, no me vuelves a ver con alma en el suelo. Yo no tengo nada que dar, me cansé de llorar, entregué mi pañuelo…”

¡Joder! Rosario ha dado en el clavo. Ángeles. Hombre malo. Alma en el suelo.
Bueno, menos lo de cansarse de llorar. Aunque… No me volverás a ver con el alma hecha pedazos.

¡Coño! Creo que cada vez que te digo eso, pierdo credibilidad. Serás como dejar de fumar, siempre estarás como propósito de enmienda pero nunca lo lograré.

Elenita es mi cargador cuando estoy bajo mínimos de batería. Siempre sabe cuándo voy a necesitarla. Bueno, últimamente es fácil saberlo. Siempre.

Decidí entrar en mis redes sociales, y actualizarlas, para hacer las veces de que sigo con vida. Pero en realidad, sin corazón, es imposible estar vivo.

A las once y pico he despertado del letargo en el sofá. A timbrazos. Elena se ha reído, como si tramase algo. Contestó y me dijo: “Anda, baja”.
He corrido como si fueras tú el que estaba en el portal. Falsa alarma. Era David. Entonces caí, Elena y el chico lo tenían todo planeado. Vino, ex profeso, a entregarme las fotos que nos hicimos ayer en Valladolid. Todas con un mensaje detrás.
Sinceramente, me hizo volar. Detallazo. Ni tú en tus mejores tiempos.

Nos sentamos en la escalera. Apoyé mi cabeza en sus rodillas. Miré a su cara y… ¡Me mató! Es como un basilisco. No puedo mantener contacto visual con él. Me deshace.
Aún tengo la imagen de sus ojos, mientras me pasaba la mano por el pelo. 
Necesitaba pasar con él toda la noche. Por fin he sentido recuperar un trocito del corazón que me robaste. Sin quererlo, este chico viene en los momentos bajos para apartarme de la debacle.

Subí las escaleras sin miedo al fracaso. Sin miedo a la caída. Su brazo agarraba, con una fuerza muy suave, mi cintura.

Elena nos esperaba con celo en mano. Para pegar las fotos.
Sabía todo. Es una Celestina nata. Tiene una tremenda vocación de casamentera. La amo.
Sutilmente, mi “Jelen”, se fue a la habitación de invitados. Sabe que, sólo comparte cama conmigo cuando no está el de los ojos verdes.

David y yo no resistimos nuestros instintos.
Intentamos quemar una, y otra, y otra vez el cochón.
Arañé con mis dedos su pecho, mientras él acarició con su barba mi espalda. Todo fue cosa de dos. Todo fue pasión.
Fumamos. Hablamos. Él se dio la vuelta y yo puse el despertador rápidamente. Necesitaba volver a su lado, aunque sólo fuese por no astillar mis huesos a base de soledad. Sabes que odio la soledad.

Empiezo a pensar que no eres imprescindible en mi cama.

El caso es que, David, suple muy bien tu ausencia. Pero no llena ese lado como tú.

¡Joder! Es inevitable intentar dormir sin pensar en ti.

Aunque, si miro a David, cada vez me incomodan menos las noche a su lado. Me encantaría que nos vieras ahora. Aquí. En tu cama. En tu casa.

Le odiarías. Me odiarías. Te partiría por dentro. Ahora sabes lo que llevo sintiendo 15 días y…
¿A qué jode?


Wednesday, November 27, 2013

DÍA 14. Recuerdos de tí



Hoy día libre. Ventajas tener  demasiados días de descanso. Lo pedí hace tiempo, para ir contigo a Valladolid, a pasar el día ¿Te acuerdas?
Siempre nos hacía ilusión ir a Valladolid. Para mí significa casi toda mi vida, mi infancia, mi adolescencia. Para ti, era yo el principal motivo. Yo y mis historias en cada rincón.
Mis ganas de volver a mi tierra me han impedido quedarme en Madrid. Lo no pude fue viajar sin tutela. 

Mientras desayunaba, puse el informativo matinal. Deliberé durante unos minutos sobre mi compañía en el viajé. Todo quedó inconcluso.
A la vez que apuraba las migas de galleta, que ya habían empezado a sedimentar en la taza, visualicé los ojos verdes. Corrí a por el teléfono. Llamé insistentemente. Una vez. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. ¡Por fin!

-¡Joder! David, estás ahí. Olvídate de la facultad por hoy. Corre a la ducha. Ponte muy guapo. Te espero en Chamartín a las 11 en punto. Desperézate y todo lo que quieras, pero por favor no te embobes. Di a tus compañeros que hoy también llegarás tarde, y que no comerás en casa, y… Bueno, ya lo irás viendo. Pero te quiero allí a las 11. Puntual.  Y no me digas que no. 
-Pe…, pe…, pero ¿Dónde vamos? Me dijo David asustado.

-Vístete y no pierdas tiempo. Recuerda 11 en Chamartín. No quiero retrasos. Respondí serio.

-¡Sí! Contestó sin pensar.

Dediqué el resto del tiempo a arreglarme.
Cogí la cartera, las llaves y… listo.
¡Hostia! Los billetes. Corrí escaleras arriba. Segundo cajón del escritorio. En la habitación de invitado. Ahí los dejaste.

Llamé a un taxi. 19’80€ después llegué. Hiperventilando. Nervioso y sin pensar lo que había hecho.
Tomé un café, que parecía calentado por los altos hornos de cualquier metalúrgica. Revisé billetes y esperé a David.
10:55. Estaba al borde del colapso. No paraba de mirar el móvil, y tú, mejor que nadie sabes que eso sólo lo hago si estoy extremadamente nervioso.

¡Ahí estaba! Lo agarré de la mano y lo llevé hasta la vía 16. Pasamos el control de billetes y nos ubicamos. Coche 3. Asientos  11V y 12P. Yo como siempre ventana, para ir explicándote cosas de las llanuras de mi tierra. ¡Mierda! ¡Es la puta costumbre! Ya jamás te volveré a explicar todo esto.
David estaba muerto de nervios. No sabía nada. Él sólo se limitaba a disfrutar y a apretarme la mano con fuerza.

¡Por fin! Una voz robótica anunció: “Próxima estación: Valladolid-Campogrande”
Hacía mucho que no te sentía tan lejos, ni a mí tan liberado.

Salimos disparados de la estación, como hacíamos tú y yo. Con ganas de comernos Pucela.
Sin darnos cuenta estábamos en la Calle Santiago, entre  señoras con abrigos de visón y chavales que han obviado sus horarios de instituto.
Al llegar a la Plaza Mayor, le expliqué todo. Lo mismo que siempre te decía a ti. Imaginé que eras tú, Sergio. Le planté debajo del Ayuntamiento, en los soportales, y repetimos nuestra tradición de besarnos ahí. Debajo, parando el reloj.

Caminamos hasta la Antigua. Nos sentamos debajo de la cruz de piedra. Como contigo, compartimos cigarro.

Apuramos las baldosas hasta llegar a la facultad de Medicina. Entramos en ese bar que siempre te gustaba tanto el Tío “Nosequé”. Tú recuerdas bien el nombre. Dos cañas y unas patatas fritas a medias, risas y alguna que otra caricia en los mofletes.

Antes de las tres, caminamos hacia casa. 
A mi Plaza de las Batallas. ¡Dios mío! Hace 10 años que ya no vivo en ese portal. Hace 10 años que no huelo, a diario, la comida de Mamá por la escalera.

Hoy he recuperado sensaciones que me habías robado. La magia, la puso David. La energía corrió de mi cuenta y el amor más sincero lo puso la cara de Mamá al verme por sorpresa.
Me ha alegrado verla. Sonrisa y abrazo. No ha necesitado más.

Mi padre arqueó la ceja derecha. Sabes que siempre lo hace cuando algo se sale de su plan. 
¿Recuerdas que lo hizo cuando os presenté? Nunca le gustaste nada. Ni un poco.

Mi hermano, inexpresivo como siempre. En su abrazo noté que se alegró al verme. Enseguida se puso a charlar con David. Al fin y al cabo comparten la misma edad y los mismos estudios universitarios.

Mamá sacó más comida. En mi casa, siempre hay comida para el que quiera. El frigorífico está siempre lleno. Mi hermano dice que mis padres hacen Tetris en la nevera, para colocar todo ¿Qué te voy a contar que no sepas, Sergio?

Mamá me encerró en la cocina. 
Ella y su afán por evitarme sufrimientos. Me preguntó por este puterío que vivía con un chico 6 años menor que yo. Ella siempre es precavida. Se preocupa, regaña, aconseja y al final sonríe. Nunca actúa con mala fe. Tú si.

La comida transcurrió con una naturalidad absoluta. Como si fueras tú el que estaba sentando a mi lado, en la mesa.

David se abrió en canal, contó su vida entera. A mis padres, les reconfortó saber que es amigo de Elena. De ella se fían, la conocen de toda la vida.

Tomamos café con los tres. En el sofá de estampado floral. El mismo sofá donde dormía la siesta, después del instituto. Repasamos fotos del salón con Mamá, mientras mi padre roncaba desde la habitación. 
Me jode que David se haya ganado a mi madre antes que tú. Me da rabia, porque él ha llegado por sorpresa. A ti, te tuve que hacer campaña de propaganda.

Mamá me miraba como clavándome al sofá. Ni por asomo quería que marchásemos.
Maté a besos a mi reina antes de irme. A mi madre las despedidas la ahogan y siempre llora. Y más si es de mí de quien se despide. Ella y yo, desde hace 28 años, somos uno.

Mi hermano nos acompañó hasta la puerta del Clínico. Así aprovechaba para fumar un cigarro furtivo, antes de entrar a sus prácticas.
Volvimos a desandar lo andado.  Nos hicimos unas cuantas fotos bajo la Catedral. 

Necesité de meter a David en el verde de Campogrande, para sentirme menos vulnerable al color de sus ojos.
Cuando estábamos en el parque, creí verte. Todo fue ficción. Es uno de esos lugares que asocio a ti. Comencé a tararear en mis adentros:

“…Por unos viejos soportales me dijiste: "te quiero", justo antes del adiós. Me dejaste sin aliento en un momento. Recuerdos de ti, de un café en un bar de Valladolid, historias que tienes que descubrir, de vinos y más, de cogernos las manos por detrás…”

La cancioncita te trajo de vuelta a mí cabeza. Me volví arisco. Odié a David, por irrumpir en mi vida. Por querer suplirte. Por matarme con su mirada. Por echarte poco a poco de mi cabeza.
Por más que lo intentó, nadie me besará como tú bajo los castaños de Campogrande. Eso es una realidad.
Miré el reloj y tuvimos que correr al tren. Me jode que esto acabe. Me jode irme de Valladolid. Me jode que al volver a casa no podamos compartir recuerdos del viaje.
Metidos en el vagón hablamos de Valladolid, hasta que el niño se me quedó dormido en en mi hombro. Yo empleé la media hora restante en pensarte. En los recuerdos de ti y de los cafés por los bares de Valladolid.

Volví a sentir la polución llenarme los pulmones. Volví a sentirte cerca. Madri se aproximaba

Ya en Chamartín, empujé a David a un Taxi. Ni de coña duermo sin él hoy.
Me encantó llegar a casa y ver a Elena. Sigue griposa.

David y ella conversaron sobre las bondades de nuestra ciudad. Yo me dediqué a intentar eliminar a golpe de lágrima las imágenes tuyas y mías por Valladolid. Me acordé de Mamá, lloré un poco más y sequé mis lágrimas en la toalla del baño.

Intimidé a David con la miraba y lo conduje al dormitorio.
Elena me abrazó y me dijo: “No la cagues con él. Dice que te quiere”.

Frené. 
El día ha sido muy intenso. A veces, caótico. Tampoco ha resultado tan malo hacer las cosas sin pensar. Y hablando de pensar... mientras me abrazo a la espalda desnuda de David, pienso en tí y en mi futuro con él. 
En un breve susurro me dijo: "Te quiero"

¡Joder! ¡Qué marrón! ¿Qué hago, Sergio?